2 de enero de 2017

GESTIÓN DEL TIEMPO: IMPROVISACIÓN, CREATIVIDAD Y DISCIPLINA

La gestión del tiempo permite administrar el trabajo de manera que se obtenga la mayor productividad posible con el menor riesgo añadido.

Cuando planificamos el tiempo, ya sea tanto de forma profesional como a nivel personal, actúan diferentes factores que no siempre dependen de nuestra propia voluntad, sino del entorno en el que operamos,  la disciplina o la responsabilidad impuesta, también estar o no, sometido a determinados niveles de control de ejecución.

Hay momentos en los que se puede elegir libremente el momento de la ejecución de una determinada tarea, guiado por nuestro criterio o prioridades personales, pero en otras ocasiones, circunstancias especiales hacen que tengan que ser ejecutadas con puntualidad inglesa.

En dependencia del tratamiento que apliquemos a los diferentes tipos de actividad, conseguiremos un determinado tipo de cumplimiento, aumentando o disminuyendo el nivel de eficacia. La influencia que ejerzamos sobre la gestión del tiempo, vendrá determinada por el nivel de improvisación, disciplina, implicación y motivación que apliquemos, consiguiendo control o estrés como resultado de su combinación. 

Existen personas que hacen de la improvisación su forma de vida, desarrollada con altas dosis de imaginación, que consiguen en muchas ocasiones, un delirante conflicto entre su vida personal y profesional en el uso y la utilización del tiempo.


Otros en cambio, la disciplina y la planificación son el abc de su actuación; este tipo de personas cumplen a rajatabla las directrices empresariales, pero se pierden entre la burocracia excesiva, además de ser poco competentes en aquellas circunstancias no definidas o planificadas previamente.

Otro aspecto importante de mencionar es el conflicto que provoca muchas veces, la excesiva disciplina de la planificación en el momento de aplicar libremente la creatividad, ya que ésta, se verá mermada en su aplicación y provocará tarde o temprano una desmotivación en el trabajador.

En el mundo profesional, la connivencia entre la improvisación y la disciplina son condiciones necesarias, dado que a cuanta mayor creatividad requiera una tarea, mayor alto de grado de improvisación será necesario, pero dicha improvisación debe encajar en los tiempos planificados y establecidos previamente en cada proyecto, por lo que su correcto maridaje, hará que la productividad se dispare con los mejores resultados.

Así como la creatividad requiere un alto grado de libertad, cuando la improvisación se utiliza como único método, se produce a corto plazo un importante nivel de ineficacia, que desencadena la frustración y la no consecución de los objetivos previstos.

La cultura del logro de objetivos, imperante en las organizaciones empresariales, alimenta diabólicamente las conductas tendentes al estrés, por la difícil batalla que supone una adecuada gestión del tiempo cuando se requiere de un esfuerzo cada vez mayor, combinado con la rotación de los empleados, la demotivación y el agotamiento mental.

Encontrar el equilibrio de la gestión del tiempo no es tarea fácil, diferente en cada organización, al sector empresarial en el que se opere, o las circunstancias económicas en que se desarrolle.

El ahorro de tiempo y esfuerzo que han supuesto los nuevos avances tecnológicos, han podido relajar los tiempos de ejecución, pero al mismo tiempo, han supuesto un cambio en la planificación de las tareas, dejando un mayor espacio a la creatividad y un descenso de la improvisación en procesos básicos.

Por lo tanto, si quieres gestionar bien tu tiempo recuerda la genial cita de William Shakespere

"Las improvisaciones son mejores cuando se preparan"


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