15 de octubre de 2014

¿CONOCES A TUS COMPAÑEROS DE TRABAJO?


Las relaciones personales son complicadas, si a ello le unimos el factor trabajo, el resultado supone una combinación no exenta de dificultades. 

Así como en nuestra vida personal nosotros mismos elegimos las personas con las que nos relacionamos, en el mundo laboral el ambiente de trabajo nos viene impuesto, por lo que cuanto mejor sepamos gestionar las relaciones con los demás, mayor satisfacción obtendremos en nuestro desarrollo personal y profesional.

La falta de armonía, o las malas relaciones personales mantenidas en el trabajo, puede conducir no solamente a la retroalimentación de un ambiente de trabajo enrarecido, sino también a la frustración personal, que provoca estrés y desmotivación, repercutiendo de manera notable en el rendimiento general de la empresa.

En un post anterior denominado JEFES TÓXICOS se explicaban, las dificultades por las que atraviesa cualquier trabajador que esté sometido a las órdenes de determinados superiores sin escrúpulos, pero, no menos importante resultan las relaciones con tus compañeros directos, personas con las que convives mucho tiempo. 

Es indudable que poseer una buena dosis de empatía, favorece la minimización de los posibles conflictos relacionados con las relaciones interpersonales, dentro y fuera de la empresa, ya que si conseguimos el equilibrio necesario, aumentará considerablemente nuestro nivel de felicidad, que transmitiremos de forma natural a los demás, contribuyendo a que el entorno laboral sea más agradable y fluido.

Pero a veces, no tenemos las herramientas necesarias para saber actuar ante determinados prototipos de compañeros de trabajo, que por su especial condición, resultan más o menos incomprendidos y no más tolerados por el resto de la organización.

Múltiples estudios realizados, demuestran que existen una serie de arquetipos profesionales que se repiten una y otra vez en las empresas, algunos pueden resultar fáciles de manejar, otros se tornan casi imposibles y el resto simplemente no se relacionan.  Aprender a distinguirlos nos ayudará a manejar nuestras emociones de forma más natural.

A continuación se detallan los prototipos de trabajadores más comunes:

  • El intrépido: Este tipo de empleado suele atreverse con todo, afrontando nuevos retos y buscando constantes desafíos. Son ideales para apagar fuegos, pero no funcionan en proyectos a largo plazo, ya que les apasiona la inmediatez, tampoco son buenos miembros en grupos de trabajo, ya que presionan con los plazos e imponen su independencia. Aún así, pueden funcionar bien como lideres en algunos casos.
  • El "porque yo lo valgo": Es el eterno egocéntrico, este tipo cree a pies juntillas que toda la empresa gira en torno a su persona. Su máxima preocupación es mantener un buen nivel de relevancia dentro de la organización, y evitar pasar desapercibido ante el resto de la plantilla. Genera recelos, suelen ser improductivos y resulta muy difícil trabajar con ellos, ya que casi siempre intentan llevarse los méritos.
  • El tiquis-miquis minucioso: Este trabajador busca siempre la perfección, analiza todos y cada uno de los detalles, aunque el trabajo lo hace bien, suele encajar mal salirse de sus métodos, por lo que suele retrasar al resto del grupo. No funciona bien como líder por carecer de un alto nivel de tolerancia hacia las personas que no compartan su forma de hacer, suelen trabajar mejor en solitario.
  • El pragmático: Buscan sintetizar al máximo sus tareas, y aunque proponen continuamente nuevas formas de hacer las cosas, olvidan por completo que la organización se mantiene de acuerdo a unos normas establecidas, por lo que no suelen valorar suficientemente las consecuencias de sus acciones para el resto de la empresa.
  • El "viva la Pepa" irresponsable: Para este tipo de operario, la despreocupación es su estilo de vida, difícilmente se implica en el trabajo responsable, por lo que es necesario marcarle las pautas de forma clara y controlar su trabajo diario, es amigo de "escaquearse" cuando hay problemas, que además nunca serán por su culpa.
  • El cuadriculado: Son trabajadores a los que les angustia considerablemente los cambios, hacen su trabajo de forma literal, siempre de forma metódicamente establecida, por lo que son ideales para tareas rutinarias, donde no tengan que afrontarse nuevos retos, en ellos la monotonía supone el hilo conductor de la productividad.
  • El puntual en "diferido": Nunca llega al trabajo a su hora, y acostumbra a inventar historias, a veces rocambolescas, para justificar su falta de responsabilidad hacia su propio trabajo y el de los demás. Prototipo díficil de cambiar, ya que su forma de actúar es parte de su vida y su carácter.
  • El correveidile: Con este tipo de compañero es mejor no intimar, a no ser que no te importe que toda la empresa sea conocedora de las confidencias compartidas. Suelen buscar el reconocimiento por parte de la dirección con sus entramados de chismorreos y cotilleos varios. No es productivo, ya que se mantiene más pendiente de lo que hacen los demás, que de su propio trabajo.
  • El amigo de lo ajeno: Su conducta cleptómana es superior a su capacidad de control, justificando a veces su actuación, en el convencimiento propio, de que la empresa no le compensa lo suficientemente. La mejor opción es que la dirección amablemente le invite a que abandone la compañía.
  • El quejica: Todo lo malo que ocurre en la empresa le pasa a él, siempre se está quejando a todo el mundo de su desgraciada vida, aunque al mismo tiempo es incapaz de buscar soluciones a sus supuestos problemas. Hace de la lamentación su "modus operandi", está convencido de que dando pena se instalará mejor en el equipo. Crea mal ambiente, desmotiva y contagia el mal humor.
  • El trepa: Es una persona con una ambición profesional desmedida. Es capaz de destrozar a los demás contrincantes sin piedad, pudiendo dejar incluso en evidencia a sus propios superiores, es manipulador por naturaleza y es capaz de todo por escalar en su posición.
  • El zángano: Selecciona las tareas en función de su nivel de dificultad, nunca hacen nada por propia iniciativa, ni más allá de lo estrictamente requerido, llevan un ritmo de trabajo lento y pone todo tipo de excusas  cuando se les señala que no han conseguido los objetivos.

Una adecuada educación emocional es imprescindible para facilitar actitudes positivas en la vida, que permitan el desarrollo de habilidades sociales, que estimulen y favorezcan las herramientas necesarias para afrontar conflictos, fracasos, logros y frustraciones, dentro y fuera del entorno laboral.



4 comentarios:

  1. Gracias María.Muy esclarecedor y como siempre interesantísimo tu punto de vista.
    Me conoces muy bien ya que diriges la política de recursos humanos de nuestro Grupo de empresas.
    ¿Como me definirías?? Creo que NO tengo doble personalidad sino Cuadruple: Intrépido (en ciertos momentos),Tiquis-Miquis (para analizar y controlar a otros intrépidos),Pragmático y Cuadriculado (por mi deber y responsabilidad en la dirección general).
    Enhorabuena y Muchas gracias

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  2. Gracias por el comentario, todos somos diferentes con nuestras virtudes y nuestros defectos, pero lo realmente cierto es que nadie es perfecto.

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  3. Excelente escrito, muy atinados las diversas posturas o roles de los integrantes de las empresas. Muchísimas gracias.

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