16 de julio de 2014

UN EJECUTIVO EN EL TUNEL DE LAVADO

Hace unos días asistí a un episodio realmente dantesco, que me hizo reflexionar sobre todas aquellas personas que dirigen algún que otro negocio, que encabezan equipos de ventas, o que simplemente mantienen cómodas posiciones en alguna que otra organización, con mayor o menor éxito profesional.

Pues bien, un día cualquiera, ahí estaba yo esperando con mi vehículo en un túnel de lavado, con la intención de verlo reluciente y brillante, porque no nos engañemos, la apariencia cuenta, y mucho; lo que no podía imaginar, claro está, es que al día siguiente iba a caer el diluvio universal, salpicado para más inri, por esa arena del desierto que ensucia todo lo que pilla a su paso, sin ningún tipo de piedad.

Delante de mi, parado, estaba un coche de alta gama, pilotado por un individuo que derrochaba elegancia por todos sus poros, perfectamente conjuntado y con un corte de pelo impecablemente peinado, lo que se conoce como un "ejecutivo", esperando como yo, a que le tocase el turno.